Capitalismo Consciente: ganamos, ganáis, ganan

Hola a todos. Hoy queremos compartir con vosotros una entrevista que publicó La Vanguardia la semana pasada, en la que Víctor-M. Amela habla con Raj Sisodia sobre el Capitalismo Consciente y cómo el dinero en los negocios no ha de ser un objetivo, sino una consecuencia.

El Capitalismo Consciente según Raj Sisodia

Raj Sisodia se crió en una India con gobierno socialista, pero su amor al individuo y sus muchos viajes le hicieron capitalista. A su vez, conocer de cerca el capitalismo estadounidense le condujo a formular lo que hoy denomina capitalismo consciente. Un término tomado de Mohamed Yunus que compartió con John Mackey (directivo de la empresa Whole Foods) para sistematizarlo en el libro Capitalismo consciente (en octubre en Empresa Activa). Optimista, Sisodia ha estado en Barcelona para inaugurar el capítulo español de Capitalismo Consciente, cuyo objetivo es ir más allá de la cuenta de resultados para crear un beneficio colectivo… un negocio con corazón.

Qué es el capitalismo consciente?

Lo planteó Adam Smith: la conveniencia del mercado libre y del cuidado del otro.

¿Cuidado del otro?

Que tu actividad económica procure tu beneficio personal y un bienestar general.

¿Acaso no ha sido así?

El capitalismo, que ha creado muchísima riqueza, pospuso lo segundo: ha permitido demasiados abusos contra demasiadas personas y contra el medio ambiente.

¿Y hoy?

Empezamos a entender que así destruiremos el planeta y la viabilidad de una sociedad amable.

La socialdemocracia ha intentado rectificarlo.

Con alto peligro de ahogar la libertad individual, de asfixiarnos con presión fiscal: lo viví en India, mi país natal, en mi juventud.

¿Hay alternativa?

La hay: un capitalismo consciente del potencial de las empresas para expandir felicidad personal.

¿Esto es realista? Somos codiciosos…

Pasa por interiorizar que el malestar del empleado,la desconfianza del proveedor y el recelo del cliente lastran la prosperidad de la empresa. Dale la vuelta a eso: ¡que todos estén contentos!

¿Y vamos bien?

Parte del problema son las mismas escuelas de negocios, que siguen predicando un lucro inmediato, cuentas de resultados… ¡y denominan “recursos” a las personas!

¿Qué deberían enseñar?

Que todos ganemos: emprendedores, inversores, empleados, clientes, proveedores, ¡la sociedad! Y las personas no son resource (recurso), son source (fuente).

Ilústremelo.

Dedicamos 100.000 horas de la vida al trabajo,todavía la mayoría dilapidadas para la felicidad: ¡un inmenso margen de mejora!

Pero ¿cómo?

Prioricemos beneficios colectivos, ¡y los otros llegarán por añadidura!: el 88% de los empleados se siente hoy mero objeto en su trabajo,y contagia su disgusto a sus familias y entorno.

¿Y cómo debería ser?

Empresa consciente es la que tiene un propósito más elevado que el beneficio económico. Un propósito de bienestar colectivo.

¿Seguro?

Estudié en Estados Unidos y me avergonzó saber que sus empresas dedicaban un millón de millones de dólares –¡el PNB de India!– a gastos de marketing.Y propuse un cambio.

¿Cuál?

Fidelizar al cliente sin tanto gasto mediante la proyección de ese propósito social. Así el cliente se hace cómplice, y el proveedor, y el empleado…

¿Y qué dice el inversor?

Descubrirá que esa conexión emocional, con todos alineados en el mismo propósito, le reporta beneficios. La obsesiva persecución del simple lucro es contraproducente a la larga.

Parece hablar más de una oenegé que de un negocio.

¡No! Trabajamos para ganar, mientras que la oenegé es misión sin negocio. Propongo una misión con negocio. El error es el negocio como misión.

Póngame ejemplos de misión.

Mejorar la salud de la gente. Organizar la información del mundo (Google). Crear un lugar de encuentro confortable (Starbucks).

Ahora de una empresa que asesore.

Una acerera en Corea del Sur: ha plantado en su derredor dos millones de árboles, ¡y la calidad del aire ha mejorado! Y ha desarrollado un método de producción con menor gasto energético.

Que guardará en secreto.

Lo ha ofrecido a la competencia. El beneficio será colectivo: en capitalismo consciente, o progresamos todos o no hay progreso.

Plantea otro paradigma capitalista.

El que odia el capitalismo está odiando un capitalismo inconsciente. Como el ruso, interesado sólo en grupos de amigos, o el chino, que destruye salud y felicidad.

¿Y el occidental?

Pasa por unas normas que garanticen un campo de juego igualitario y poruna toma de conciencia.

La que usted propugna.

Con líderes que deseen cuidar a los otros y al entorno, que sepan implicar al empleado a divertirse trabajando. ¡Que amen las mañanas de los lunes!

Todo un reto.

Cuándo constaté que una empresa consciente tiene nueve veces mejores resultados que el promedio de empresas convencionales, lloré. Y empuñé esta bandera: ¡negocios con corazón, con sentido! Las empresas pueden sanarnos, basta ya de que nos enfermen, basta de dolor.

Aconseje a una empresa cómo ser más consciente.

No seas extractiva, no destruyas, nada para ti que no sea para todos. Persigue el bienestar general y contrata sólo a quien se alinee con tu propósito.

¿Y qué aconseja a los gobiernos?

Apartad, que vamos a hacerlo.